Imagina un mundo creado por ella. Un paisaje pintado en acuarela, un cielo que se ilumina en rosa y una nube donde habitan personas. No sería necesario viajar a la Luna, habría energía suficiente para todos. Las montañas serían pirámides en bruto, y ella una de las aves que las haría florecer. Una joven que nunca quiere crecer y que aún sueña con esa idea idealizada de lo que le rodea. Los sentimientos al aire se convertirían en blancas palomas; la palabra que expresa la inmensidad de las ideas.  Su fantasía sería magia, sobre todo en un país donde no se puede engañar al hambre ni al poder. Se va enredando como una yedra a un roble, crece lentamente y se hace inseparable. Ella quisiera volar mientras aprieta los ojos tras la tragedia. Llena su cabeza de seres encantados, de ciudades flotantes y de un sinfín de personajes singulares que van tomando forma, hasta que su obra maestra surge por casualidad.

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