Hipocresía desde los balcones

Las circunstancias te piden a gritos que hables. La presión mediática y social te incitan a que tomes partido en el debate: tienes que significarte. Di algo, porque si no lo haces eres un cobarde; pero si lo haces te convertirás en uno más del rebaño. Así la mayoría es feliz. Ya no serás una amenaza.

Desde las ventanas virtuales te esclavizan, porque en cierto modo te sientes obligado a elegir.

 

¿Y tú de quién eres?

Basta ya de tanta hipocresía desde los balcones. La comedia en el descansillo de la escalera es más real que lo que algunos exponen en la redes sociales a modo de «lecciones de moral». Si crees en la evolución, sabrás que nada será igual que ayer. No somos nadie, aunque muchos se agarren a un clavo ardiendo. Hoy es el momento de abordar esa hipocresía, y dejar de sentirse mal por el «postureo». Porque lo que no es normal ni medio-humano, ni de tener un tercio de conciencia moral, es pararse delante del problema, y no hacer nada…«¡Ah! Esto tengo que publicarlo en mis redes»

Mientras el mundo se va al infierno, otros sólo hacen fotografías.

Realmende da miedo decir lo que uno piensa, sobre todo si no respeta la concienca del prójimo. Pero ya que somos libres para expresarnos, demos un buen uso de las letras. Intentemos ser más comprensivos. Eso sí, no publiques a viva voz que odias la Coca-Cola, y luego te vean bebiéndotela. Esa es a la hipocresía que me refiero. No bombardees a tus contactos con mensajes en contra del cáncer si no mueves un dedo ni por ayudar a tu amigo, o a tu vecino. Empieza por no engañarte a ti mismo.

Nosotros ya habremos reconocido tu verdadera naturaleza. Pues, las personas que de verdad ayudan, y dedican su tiempo a mejorar las vidas de otras, no publican ni pierden el tiempo en ello.

La hipocresía de balcones es aquella en la que las mentiras caen por su propio peso. Las etiquetas de «qué bueno soy» cuelgan de los tendederos como la ropa usada.

Y cuando llega la tormenta, hashtag #sitehevistonomeacuerdo.

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